15 febrero 2016
"Mi corazón está agotado": La historia de la madre de un condenado a muerte en Arabia Saudí
Ali al Nimr tenía sólo 17 años cuando lo detuvieron el 14 de febrero de 2012, unos meses después de participar en concentraciones contra el gobierno en Arabia Saudí. Fue condenado a muerte, pese a ser menor de edad cuando lo detuvieron, y después de un juicio profundamente injusto basado en "confesiones" que, según su testimonio, se obtuvieron mediante tortura. Ahora está en espera de ejecución. Su madre, Nassra al Ahmed, cuenta su historia.

Cuando me enteré de la sentencia de ejecución de mi niño, tuve la sensación de que un rayo me golpeaba la cabeza. La noticia me sumió en el desconsuelo y me quitó las cosas más preciadas y hermosas que tengo.

Su ausencia me ha agotado el corazón. Mis ojos derraman lágrimas automáticamente, porque lo añoran. Me invade la ausencia de sus facciones angelicales. Su sonrisa no se va de mi mente, y los recuerdos me hacen llorar cada vez que veo una fotografía suya.

Todo lo que era hermoso

Antes de la detención de Ali, mi familia llevaba una vida normal. Era un niño bueno y hermoso que no dejó de ser aún más hermoso al crecer. Su belleza era fruto de su corazón bondadoso, del amor a los demás y de una moralidad hermosa. Amaba todo lo que era hermoso: Alá, la virtud, la naturaleza, el mar, el sol, los árboles y los animales.

En el corazón de Ali no hay lugar para desesperación. Siempre ha sido optimista y sonriente. Disfrutaba de la lectura y la fotografía, y dedicaba la mayor parte del día a cuidar, limpiar y alimentar pájaros. No le gustaba que tenerlos dentro de la jaula; solía liberarlos para que volaran por el patio sin que nadie los molestara.

Su padre solía llevarlo con él en sus viajes comerciales y no tardó en darse cuenta de la pasión de su hijo por viajar y saber. Siempre hacía preguntas sobre los orígenes de las diferencias en la alimentación y las costumbres entre los diferentes pueblos. Incluso se preguntaba por las diferencias entre una fe y otra. Solía decir: "Los cristianos veneran a Dios, los musulmanes a Alá, ¿entonces por qué son diferentes entre sí?"

El sabor amargo de la prisión

Lloré y grité cuando se lo llevaron, pero nunca imaginé que seguiría gritando y llorando durante cuatro largos años. Lo sacaron del calor de nuestro hogar y lo obligaron a estar detenido en el frío glacial de oscuras prisiones. Lo ausentaron de su casa y de sus seres queridos para probar el saber amargo e insípido de la vida en las celdas de las cárceles.

Ninguna situación fue más dolorosa que cuando vi a mi hijo en la prisión. Anhelaba verlo, pero tuve que volver la cara porque no lo reconocí. No tenía su figura, ni su voz, porque lo habían torturado.

No tuvo que decirme lo que había ocurrido porque su cara, sus manos, sus pies y su cuerpo hablaban por él. Tenía heridas y hematomas hinchados claramente visibles por todo el cuerpo. Estaba débil y consumido además de evidentemente amarillento y frágil. Todo ello era consecuencia de las patadas y los golpes que le habían propinado.

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Generosidad, pasión y corazón bondadoso

Con la ausencia de Ali, echo de menos muchas cosas, y muchas cosas en la vida también lo añoran a él. Añoran su presencia y su generosidad. Todo en la casa echa de menos su tacto, su pasión y su corazón bondadoso.

Cada vez que lloro, imagino a Ali llorando mis lágrimas y dándome palmaditas en la cabeza, diciendo: "No llores, mamá, no pongas triste mi corazón". Por la noche solía esperar el amanecer, pero ahora no soy capaz de distinguir el día de la noche; los dos se han sumido en la oscuridad. Tengo dolor de cabeza cada noche, y el insomnio se ha impuesto hasta el punto de que ahora odio el momento en el que cae la noche.

Ali es la vida, y la vida no puede florecer sin él; infunde vida al espacio y pulso al tiempo. Él es la luz sin la cual la vida no es hermosa a nuestro ojos.

Esperanza y libertad

Suplico a todas las personas de la humanidad que pidan a las autoridades que liberen a mi hijo. Debe ser libre para vivir la vida a la que aspira como joven lleno de ambición y del deseo de dar. Como mínimo, deben concederle un nuevo juicio público, justo y conforme a las normas internacionales. El juicio debe basarse en pruebas y no en cargos falsos.

Estoy absolutamente segura de que mi hijo es inocente. Y sigo albergando una esperanza inquebrantable que no disminuye a pesar de las dificultades y los desafíos. Esta esperanza se hará realidad; Ali recobrará su libertad y saldrá más optimista y generoso que nunca.

Pese a todo, la moral de Ali es alta, gracias a Dios. Dice: "Soy un hombre que no pierde la esperanza. Si se hace realidad, estaré agradecido a Alá. Si no, viviré feliz con esa esperanza." Del mismo modo, yo, su madre, vivo con esperanza, porque lo que mi hijo cree es la opción correcta, para que la vida pueda continuar.