29 septiembre 2014
Los peruanos que faltan
(Por Jairo Rivas Belloso)

Comparto aquí algunas reflexiones expresadas en un reciente conversatorio, organizado por Amnistía Internacional, sobre verdad, memoria y reparación para víctimas de desaparición forzada. Estas reflexiones surgen del llamado hecho por Salomón Lerner Febres durante el evento, a contar con una política pública creativa, integral y coherente, que atienda esta recomendación - no cumplida - de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR).

¿Qué aspectos debería comprender el programa propuesto? Señalo cuatro a continuación:

1. Determinar la cantidad de personas desaparecidas en el marco del conflicto armado. Son diferentes las cifras que manejan la CVR, la Defensoría del Pueblo, el Registro Único de Víctimas, el Ministerio Público, los organismos de derechos humanos. Si bien existe cierto consenso en que este número supera las 15 mil víctimas, un análisis integral de estas fuentes resulta fundamental para conocer la magnitud de la tragedia y de la tarea a enfrentar.

2. Activar un procedimiento no judicial de búsqueda de personas desaparecidas y entrega de restos a los familiares. Los avances en esta materia, desarrollados por el Ministerio Público, han estado vinculados a procesos judiciales, cuya finalidad principal son la determinación de la verdad judicial y la sanción de los responsables de los delitos cometidos. Sin embargo, un marco de justicia transicional plantea otras finalidades que también deben ser perseguidas, como la memoria histórica, la restitución de derechos a las víctimas y a sus familiares, así como el reconocimiento de su dignidad. Por ello, sin paralizar las exhumaciones que realiza la Fiscalía, es posible "desjudicializar" esta tarea mediante protocolos técnicos de búsqueda y entrega de restos que cumplan principalmente el propósito humanitario de mitigar el dolor de los familiares. Este procedimiento debe recabar la información necesaria para entregar al Poder Judicial, en caso se inicie una investigación sobre el caso (pues no se trata de reemplazar la memoria histórica y el alivio humanitario por impunidad). Existe una propuesta de proyecto de ley sobre el tema en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. Es necesario convertirla en proyecto, y este en programa estatal, con un mandato claro y con recursos suficientes.

3. Procurar acompañamiento psicosocial a los familiares. Este acompañamiento debe proveerse especialmente en los momentos de entrega de restos y de organización de los duelos, según las costumbres y tradiciones propias de cada familia. Actualmente, el Estado apoya con aspectos logísticos (ataúdes, misas), pero no hay que descuidar el aspecto psicosocial. El Ministerio de Salud cuenta con lineamientos sobre la materia; falta aplicarlos.

4. Concertar las medidas con las víctimas y sus organizaciones. Los protocolos de búsqueda, de entrega de restos, de acompañamiento psicosocial, de otras medidas complementarias, no pueden derivarse solo del saber técnico. Las comunidades y organizaciones de víctimas pueden ayudar a definir cómo deben implementarse estas acciones, respetando consideraciones culturales y de género.

En el Perú existen las capacidades profesionales y humanas para desarrollar estos aspectos. Hace falta un compromiso claro del Estado con esta tarea.

Adicionalmente, el país requiere un mensaje contundente sobre los graves daños ocasionados por la práctica de la desaparición forzada y una mayor conciencia sobre la necesidad de evitar que ocurran acciones similares en nuestra historia. La memoria de estos crímenes es muy importante como recordatorio moral para la sociedad. Las organizaciones de víctimas y de derechos humanos han sido las más activas en este terreno, y son múltiples las iniciativas de memoria sobre la desaparición forzada, como el museo de Anfasep, El Ojo que Llora, o más recientemente, el santuario de La Hoyada. Confío en que el Lugar de la Memoria dirá algo claro sobre este tema.

Pero el Estado podría tener un gesto más audaz y decidido: si está comprobado que el cuartel Los Cabitos, en Ayacucho, fue un escenario del horror, donde se practicó la tortura y la desaparición forzada, ¿no debería cerrarse para fines militares y convertirse en espacio de memoria y de reflexión?

(Fuente: http://noticiasser.pe/03/09/2014/cruce-de-caminos/cruce-de-caminos/los-peruanos-que-faltan)