Exigimos a los diferentes sectores involucrados prevención, ejecución presupuestal oportuna y la atención inmediata de las personas que enfrentan los impactos diferenciados de El Niño, así como de la crisis climática en general.

Una respuesta que prevenga desastres y vulneraciones a los derechos humanos está en sus manos.

SIN PREVENCIÓN NO PODEMOS HABLAR DE JUSTICIA CLIMÁTICA
La crisis climática y ambiental es también una crisis de derechos humanos
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La crisis climática y ambiental es también una crisis de derechos humanos. Tiene impactos diferenciados sobre las personas y comunidades, y afecta de manera desproporcionada a quienes se encuentran en mayores condiciones de vulnerabilidad.

El fenómeno de El Niño no es un evento nuevo ni imprevisible para el Perú. Desde la década de 1980, el país ha enfrentado episodios recurrentes de esta naturaleza:   

1982-1983, 1997-1998, 2017, 2023 y ahora 2026-2027

Hoy, el país vuelve a estar en alerta. Se sabe que estamos ante una situación de magnitud extraordinaria, que alterará las temperaturas de manera extrema. Cada uno de estos eventos trae vulneraciones concretas a derechos humanos.  

En el norte, se prevén fuertes inundaciones, lo que, además de golpear la actividad agrícola, destruir infraestructura y aislar comunidades, eleva el riesgo de enfermedades como el dengue, e impide que niños, niñas y adolescentes continúen con sus estudios. En el sur, las heladas afectarán los medios de vida de miles de personas, antes las que los adultos mayores se encuentran en especial vulnerabilidad. De igual forma, las sequías aumentarán el riesgo de descontrol de incendios forestales, poniendo en peligro la integridad y vida de cientos de personas. A la fecha, se registraron al menos 6 víctimas mortales en Cusco a raíz de los incendios en la región, mientras que se reportan incendios forestales en al menos otras 14 regiones del país. 

Estos impactos también ponen en evidencia la vulnerabilidad de las fuentes de agua frente a las crisis climáticas, y lo indispensables que son. Las lluvias extremas y las inundaciones pueden afectar su calidad, mientras que las sequías comprometen su disponibilidad, poniendo en riesgo a todas las personas, pero especialmente a las comunidades y los ecosistemas que dependen directamente ella, como ocurre con los pueblos indígenas.  

La falta de prevención e inacción son inaceptables.  

Sin embargo, actualmente la población ya está experimentando los efectos del Niño y el Gobierno solo ha ejecutado un tercio del presupuesto para reducción de vulnerabilidad y atención de emergencias por desastres. Esta baja ejecución preocupa seriamente, considerando que estas emergencias ya ponen en riesgo la vida y los derechos de las personas. 

Por eso exigimos a los diferentes sectores involucrados prevención, ejecución presupuestal oportuna y la atención inmediata de las personas que enfrentan los impactos diferenciados de El Niño, así como de la crisis climática en general.

Una respuesta que prevenga desastres y vulneraciones a los derechos humanos está en sus manos.  

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