07 diciembre 2016
Todos somos cómplices de la masacre de Alepo
Diana Semaan, responsable de campañas sobre Siria de Amnistía Internacional

"Si no abandonáis urgentemente la zona, seréis aniquilados. [...] Sabéis que todo el mundo ha desistido de vuestra causa. Os han dejado solos y abandonados a vuestra suerte, y nadie os ofrecerá ayuda de ninguna clase."

Estas palabras escalofriantes han sido extraídas de unas octavillas lanzadas sobre la zona de Alepo asediada por la aviación siria y rusa, antes del sangriento asalto final a la ciudad. Y, en esos pocos días, han resultado más ciertas de lo que nadie en Alepo, o en cualquier otra parte, se hubiera atrevido a imaginar.

Pero las señales de aviso estaban ahí, y no sólo en forma de octavillas. Después de cinco años de guerra, el mundo no puede alegar que ignoraba la desesperada situación de la población siria, o que no ha tenido oportunidades para responder.

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El este de Alepo es ahora el epicentro del conflicto sirio; la zona está sometida a continuas oleadas de intensos bombardeos que amenazan con reducirla a un montón de escombros y polvo. Con la última ofensiva de las fuerzas gubernamentales para tomar el control de la zona, el conflicto se ha vuelto más encarnizado y sangriento que nunca, En cuestión de días, las fuerzas del gobierno sirio que avanzan sobre el este de Alepo han tomado varios territorios que estaban en poder de los grupos armados de oposición, incluidos los distritos de Jabal Badro y Masaken Hanano, donde viven al menos 100 familias. La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU ha informado de que 25.000 personas han huido de la zona asediada desde el 25 de noviembre.

Algunos de los atribulados residentes de la zona han perdido toda esperanza de una acción internacional que ponga fin a su sufrimiento. "No hay donde escapar o esconderse", dijo un residente llamado Nizar. Antes del último asalto, anticipándose a la reanudación de los bombardeos, otra residente, Um Mohamed, dijo que pensaba que era cuestión de tiempo "que el infierno volviera a desatarse".

Demostrando un cruel desprecio por la vida de la población civil y por el derecho internacional humanitario, las fuerzas del gobierno sirio y sus aliados rusos han usado potencia armamentística masiva para infligir el máximo sufrimiento humano, destruir infraestructuras civiles e imponer en la zona un asedio abrumador que mata de hambre a sus habitantes.

Bloques de viviendas, hospitales, clínicas médicas y escuelas han sido objetivos reiterados de ataques ilegítimos. Las fuerzas agresoras han atacado con bombas de barril y con munición de racimo, prohibida internacionalmente, y en muchos casos esos ataques han constituido crímenes de guerra. La amenaza de los ataques aéreos es tan intensa que ha obligado a los residentes de Alepo a subsistir en un laberinto de refugios subterráneos.

Decenas de hospitales en Alepo han sido blanco de ataques durante el año; el más reciente tuvo lugar la semana pasada contra un hospital infantil en el barrio de Al Shaar. En marzo, Amnistía Internacional documentó ataques contra instalaciones médicas en áreas circundantes de Alepo controladas por la oposición como parte de una estrategia militar para despejar las zonas de residentes y así facilitar una invasión terrestre.

Miles de civiles han huido en desbandada del este de Alepo, mientras que muchos de los que se han quedado allí viven con miedo a sufrir detención arbitraria, tortura o desaparición forzada a manos de las fuerzas gubernamentales. Unas 8.000 personas han huido a la zona de Sheikh Maqsoud, bajo control kurdo, porque les asusta demasiado huir a zonas controladas por el gobierno.

Ante semejante situación de destrucción y sufrimiento en escala generalizada, el mundo no ha ayudado en ningún momento a la población civil del este de Alepo. Es un hecho representativo de la incompetencia de la comunidad internacional, que, ante el empeoramiento de la catástrofe siria en los últimos cinco años, ha persistido en su actitud pasiva sin detener los desenfrenados abusos y violaciones del derecho internacional.

Rusia, al ejercer reiteradamente su derecho al veto para proteger al gobierno sirio, mantiene secuestrada la capacidad de actuación del Consejo de Seguridad de la ONU. En los últimos cinco años, Moscú ha vetado cinco resoluciones dirigidas a terminar con algunos de los terribles abusos y a llevar a los responsables ante la justicia remitiendo la situación a la Corte Penal Internacional. El mismo mes pasado, Moscú vetó una resolución dirigida a poner fin a los ataques aéreos y el derramamiento de sangre en Alepo.

Las dos resoluciones del Consejo de Seguridad finalmente aprobadas, 2139 y 2165, exigían el acceso sin restricciones de la ayuda humanitaria, el levantamiento del asedio de la ciudad y el fin de los ataques contra civiles, la tortura y las desapariciones forzadas. Sin embargo, ambas se incumplen a diario sin que los responsables paguen las consecuencias. Y aunque no se haya utilizado abiertamente, la amenaza del veto ruso ha bastado para paralizar al Consejo de Seguridad e impedir que imponga sanciones específicas a funcionarios del gobierno sirio por incumplir ambas resoluciones.

Representantes de la ONU y dirigentes mundiales han expresado su estupor e indignación ante el continuo derramamiento de sangre, pero la población de Alepo necesita algo más que sus palabras de condena.

Para tener alguna oportunidad real de acabar con los crímenes contra la humanidad en Siria es necesario adoptar medidas concretas, como sanciones específicas a funcionarios que hayan ordenado ataques ilegítimos, un embargo integral de armas que evite la afluencia de armas al régimen sirio y un medio de llevar ante la justicia a los autores de crímenes de guerra.

Si adoptara la decisión de remitir la situación de Siria a la Corte Penal Internacional, el Consejo de Seguridad estaría indicando, como mínimo, que los responsables de las atrocidades cometidas en Siria no quedarán sin castigo. Sin estas medidas, continuará la proliferación de estos horrores no sólo en todo el territorio sirio, sino también en el resto del mundo.

La cruel traición a la población civil del este de Alepo pesará en la conciencia del mundo durante años. Nada puede reparar la falta de medidas que ha llevado a la pasividad del mundo entero ante esta catástrofe. Lo mínimo que podemos hacer es intentar que no se permita la repetición de los horrores que han soportado.