30 septiembre 2010
Irán: Sakineh Mohammadi Ashtiani, su vida pende de un hilo
Sakineh Mohammadi Ashtiani, de 43 años de edad y madre de dos hijos, originaria del noroeste de Irán, ha pasado años a la espera de que en cualquier momento se ponga fin a su vida cruelmente. Desde 2006 se enfrenta a su ejecución por lapidación, en virtud de una condena impuesta de modo injusto después de que la declarasen culpable de "adulterio durante el matrimonio". Su destino sigue en manos de un sistema de justicia arbitrario y defectuoso que le ha perjudicado desde el principio.

Su desesperada situación ha hecho que innumerables personas de todo el mundo hayan emprendido acciones en su favor, a lo que las autoridades iraníes han respondido con unas declaraciones cuyo objeto es crear confusión en relación con la situación legal de Sakineh. Ahora parece que las autoridades están decididas a intentar que se la ejecute por un delito distinto, el de asesinato.

Sakineh, una mujer de origen humilde, pertenece a la minoría azerí de Irán, muchos de cuyos miembros sufren discriminación. Su lengua materna es el túrquico azerí. Tiene un conocimiento limitado del persa, la lengua utilizada por los interrogadores y tribunales que la interrogaron, juzgaron y condenaron. En un principio "confesó" su culpabilidad sin que estuviera presente ningún abogado, pero durante el juicio se retractó de su "confesión". No sabía que el término árabe rajm utilizado cuando la condenaron significaba "lapidación". Cuando sus compañeras de reclusión se lo explicaron, sufrió un desmayo.

Sakineh fue detenida en 2005, tras el asesinato de su esposo Ebrahim Qaderzadeh. Aunque en un principio fue acusada de asesinato, sus hijos no presentaron cargos contra ella, algo a lo que tienen derecho en virtud del artículo 205 del Código Penal, lo que podría haber significado su condena a morir en la horca, ya que la pena que prevé este artículo es la de qesas (castigo equivalente al delito cometido). En su lugar, fue acusada y condenada en virtud del artículo 612 del Código Penal por su presunta participación en el asesinato, y condenada a 10 años de cárcel, la pena máxima. Según un documento judicial al que ha tenido acceso Amnistía Internacional, en un principio el Tribunal Supremo confirmó su condena. Sin embargo, según Javid Houtan Kiyan, su abogado en la actualidad, tras una revisión llevada a cabo en 2009 por el Tribunal Supremo, las sentencia condenatoria por asesinato fue modificada por la de "complicidad" en asesinato. A consecuencia de ello, el abogado afirma que la condena fue reducida a cinco años, la pena máxima por este delito. A finales de septiembre de 2010, Sakineh ya habría cumplido o estaría a punto de cumplir este periodo de cinco años.

Al parecer a raíz de las investigaciones realizadas sobre el asesinato su esposo, en mayo de 2006 Sakineh fue condenada por mantener una "relación ilícita" con dos hombres y recibió 99 azotes en presencia de su hijo Sajjad. A pesar de esto, después se le acusó de "adulterio durante el matrimonio" y el 10 de septiembre de 2006 fue condenada a morir lapidada, la pena preceptiva en virtud del artículo 83 del Código Penal. Tres de los cinco jueces que la juzgaron la declararon culpable. Aunque Sakineh se retractó ante el tribunal de su "confesión" y dijo que había sido obtenida bajo coacción, los tres jueces la condenaron fundándose en "el conocimiento del juez", una disposición de la ley iraní que permite a los jueces determinar la culpabilidad de una persona de forma subjetiva, incluso en ausencia de pruebas claras o concluyentes. Los otros dos jueces la declararon inocente, afirmando que parecía que la acusada se enfrentaba a la posibilidad de ser castigada dos veces por el mismo "delito". También afirmaron que no se había aportado la prueba exigida por la legislación iraní para el delito de "adulterio durante el matrimonio". Esto supone bien una confesión ante el tribunal repetida en cuatro ocasiones diferentes, bien el testimonio de cuatro "hombres justos" o de tres hombres "justos" y dos "mujeres justas". En mayo de 2007 el Tribunal Supremo confirmó la condena de lapidación. Más tarde, la Comisión de Amnistía e Indulto rechazó dos veces las peticiones de indulto de Sakineh.

Amnistía Internacional se opone a la criminalización de las relaciones sexuales de mutuo acuerdo entre adultos y considera que las personas encarceladas por estos actos son presos de conciencia que deben ser liberados inmediata e incondicionalmente. En virtud del derecho internacional de los derechos humanos, no debe imponerse la pena de muerte por actos no violentos como las relaciones sexuales entre adultos de mutuo acuerdo. Los organismos internacionales de derechos humanos también han afirmado que no debe emplearse la lapidación como método de ejecución.

Amnistía Internacional tuvo noticia por primera vez de la situación de Sakineh en 2009 y emitió una Acción Urgente en su favor. En junio de 2010, el conocido abogado de derechos humanos Mohammad Mostafaei, uno de los abogados que representaban a Sakineh en aquel momento, recordó al mundo en un blog que Sakineh podría ser lapidada en cualquier momento. Su caso generó una gran publicidad y una oleada de condenas, especialmente fuera de Irán.

En este clima, a principios de julio de 2010 funcionarios judiciales de Tabriz escribieron al presidente de la magistratura solicitando permiso para cambiar el método de ejecución (lapidación) por el de ahorcamiento, como se había hecho en al menos otros tres casos desde comienzos de 2009. Al día siguiente, la embajada iraní en Reino Unido, donde el caso había sido seguido con especial interés por la opinión pública, anunció que Sakineh "no sería ejecutada mediante lapidación". Esta vaga declaración no excluía la posibilidad de que fuese ahorcada.

El 10 de julio, el jefe del Consejo Superior de Derechos Humanos de la Magistratura de Irán (HCHR) afirmó que el caso de Sakineh sería revisado, y confirmó que la legislación iraní permite la ejecución por lapidación. Al día siguiente, el presidente de la magistratura de la provincia de Azerbaiyán Oriental afirmó que la condena a muerte contra Sakineh, por "adulterio durante el matrimonio y asesinato" seguía en vigor y podía llevarse a cabo en cualquier momento mediante la decisión del presidente de la magistratura.

También en julio de 2010, el abogado de Sakineh, Javid Houtan Kiyan, solicitó al Tribunal Supremo una revisión judicial del caso. Se cree que el proceso de revisión aún no ha concluido.

El 11 de agosto y el 15 de septiembre de 2010, Sakineh apareció en sendas "entrevistas" en televisión. En la primera "confesó" que había tenido contacto telefónico con el hombre que luego fue condenado por el asesinato de su esposo. Sakineh afirmó que conocía sus planes para asesinar a su esposo, pero que no los había tomado en serio. En la segunda, negó que hubiese realizado la primera entrevista bajo coacción y desmintió los rumores de que había sido azotada por segunda vez.

Esas "confesiones" televisadas de personas detenidas, realizadas sin la presencia o conformidad de abogados defensores, constituyen una violación del derecho a no autoinculparse y lo que en ellas se declare no puede ser considerado digno de crédito. Son una táctica a la que suelen recurrir las autoridades iraníes y ponen en cuestión la independencia de los jueces que permiten la difusión de tales "confesiones". Otras personas que han hecho estas "confesiones", después han afirmado que las hicieron bajo tortura u otros malos, incluidas amenazas a familiares.

El 29 de agosto de 2010, una declaración del HCHR confirmó que Sakineh había sido condenada inicialmente a 10 años por asesinato (aunque no se hacía referencia a ninguna reducción posterior de la condena) y a lapidación por adulterio. En la declaración se afirmaba que "a pesar de que la condena ha sido fijada, no ha sido aplicada".

El 8 de septiembre, un portavoz del gobierno anunció que la condena a muerte por lapidación de Sakineh se había "detenido", pero añadió que "su juicio por asesinato continua". Esto contradice el documento del Tribunal Supremo que ha visto Amnistía Internacional y la información proporcionada por su abogado, que deja claro que Sakineh ya ha sido condenada en relación con la muerte de su esposo, y que ha cumplido la totalidad o casi la totalidad de la condena. Cualquier intento de imponer una nueva condena constituiría una violación del principio de prohibición de procesar más de una vez por el mismo delito incluido en el derecho internacional.

El 19 de septiembre, en una entrevista para un canal de televisión estadounidense, el presidente Mahmud Ahmadineyad negó que Sakineh hubiese sido condenada a muerte por lapidación en ningún momento, a pesar de las pruebas documentales de lo contrario.

El 27 de septiembre, el fiscal estatal Gholam-Hossein Mohseni-Ejei declaró que si Sakineh era condenada a muerte por asesinato, esta condena "tendría prioridad" sobre la condena por adulterio. Sin embargo, en virtud de la legislación iraní, la ejecución de una condena de muerte por asesinato depende de la voluntad de los familiares de la víctima y, según los documentos judiciales, los familiares ya han renunciado a su derecho a exigir retribución. El otro presunto asesino en este caso fue perdonado por los familiares de la víctima.

Después de su primera aparición en televisión en agosto de 2010, Sakineh no ha sido autorizada a recibir visitas de sus hijos ni de su abogado. Continúa recluida en la prisión central de Tabriz esperando su ejecución y a merced de las autoridades.

Irán es justamente criticado por esos actos [lapidación] pero la gente no debe olvidar que muchos iraníes abominan de esta práctica y están trabajando para acabar con ella. No tiene nada que ver con nuestra cultura, y sí todo con un sistema de justicia injusto que discrimina a las mujeres a muchos niveles.

Shadi Sadr, abogada iraní, activista contra la lapidación y defensora de los derechos de las mujeres, en una entrevista con Amnistía Internacional en septiembre de 2010.

Campaña para obtener justicia
Muchas personas dentro y fuera de Irán se han hecho cargo del caso de Sakineh, angustiadas por su difícil situación e indignadas por el recurso continuado del Estado iraní a la pena de muerte por lapidación, a pesar de que en 2002 se declaró oficialmente la suspensión de las lapidaciones. Éstas se reanudaron en mayo de 2006 cuando una mujer y un hombre fueron lapidados en secreto. Desde entonces, al menos otros cuatro hombres han sido lapidados hasta morir. Se cree que además de Sakineh, al menos otras nueve mujeres -conocidas como Azar Bagheri, Kobra Baba’ie, Iran E., Khayrieh V., Ashraf Kalhori, "M. Kh", "H", Rahimeh Pordel y Sayyereh Ebadi - y cuatro hombres - Mohammad Ali Navid Khamami, Naghi Ahmadi, Abbas Hassani y Vali/Bu Ali Janfeshan - han sido condenados a morir lapidados, aunque en varios casos el proceso de revisión judicial no ha concluido y pueden imponerse condenas alternativas.

Las autoridades iraníes han intimidado a personas que critican públicamente la lapidación y a profesionales de la abogacía que defienden a personas acusadas de delitos punibles con la lapidación. Prácticamente todas las personas relacionadas estrechamente con el caso de Sakineh han sufrido alguna forma de acoso. El hijo de Sakineh, Sajjad, fue interrogado por funcionarios del Ministerio de Información el 14 de julio de 2010, que lo amenazaron para que no volviera a conceder entrevistas sobre el caso de su madre. Dos abogados implicados en su caso han sido objeto de persecución. Mohammad Mostafaei huyó de Irán por motivos de seguridad en julio de 2010 después de que su esposa y otro familiar fuesen detenidos con el fin de forzarlo a que se presentase ante las autoridades para ser interrogado. El 21 de agosto de 2010 agentes de seguridad registraron el domicilio de Javid Houtan Kiyan en Tabriz y se llevaron algunos objetos personales y varios expedientes, así como el ordenador portátil que contenía información sobre Sakineh y otros casos de lapidación. Diez días después Javid Houtan Kiyan fue interceptado en el aeropuerto de Tabriz y conducido a la fuerza a su despacho, de donde se llevaron más expedientes.

Las autoridades iraníes están recibiendo numerosas críticas procedentes de todo el mundo por recurrir a la lapidación. Amnistía Internacional teme que las autoridades iraníes estén intentando hacer frente a estas críticas presentando a Sakineh como una peligrosa delincuente que merece ser ejecutada. La decisión sobre su vida aún está pendiente.

Amnistía Internacional pide el fin de todas las ejecuciones en Irán y apoya los esfuerzos de los ciudadanos iraníes y de los defensores de derechos humanos de todo el mundo para acabar con la práctica de la lapidación en Irán y en cualquier otro lugar.

ACTÚE
Escriba cortésmente en persa, árabe, ingles, francés o en su propio idioma, pidiendo a las autoridades iraníes que:
• No ejecuten a Sakineh Mohammadi Ashtiani mediante ningún método;
• Esclarezcan por escrito su situación legal actual, informando, entre otras personas, a su familia y abogados, y que lleven a cabo una revisión exhaustiva y transparente de su caso;
• Pongan en libertad a Sakineh Mohammadi Ashtiani si sigue detenida sólo por haber mantenido relaciones sexuales de mutuo acuerdo, en cuyo caso Amnistía Internacional la consideraría presa de conciencia;
• Garanticen que no se presentan nuevos cargos contra ella en relación con el asesinato de su esposo, por el que ya ha sido juzgada y condenada;
• Promulguen legislación que prohíba imponer legalmente la pena de muerte por lapidación y no permita el uso de ninguna forma de pena de muerte o de la flagelación contra las personas condenadas por "adulterio" u otros delitos;
• Despenalice las relaciones sexuales de mutuo acuerdo entre adultos.